You are viewing
kabita89's journal
| S | M | T | W | T | F | S |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | ||||
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |
Dos veces en su vida sintió eso. Esa sensación de atracción y presentimiento de compatibilidad total inmediatos.
La primera vez fue en el colegio. Había entrado a una clase completamente nueva, llena de personas extrañas. Entonces lo vio: se llamaba Daniel, y tenía la sonrisa de un dios. A pesar de ser sumamente atractivo y tener un porte muy de hombre para sus dieciséis años, era bastante modesto. Hablaba con todos sin distinción de populares o impopulares – como suelen hacer consciente o inconscientemente los niños a esa edad. Tenía un humor muy fino, sus bromas eran simpáticas y no intervenía en clase si no era para comentar algo inteligente, evidenciando su interés en temas importantes así como su capacidad de reflexión y análisis sinceros. Pero ninguna de estas fueron razones para desarrollar esa sensación, sino más bien confirmaciones de ella.
Claro que, en ese momento, la sensación era completamente nueva y no supo identificarla de inmediato. Jamás se había topado con alguien así, por lo que jamás había experimentado eso. Pero lo fue entendiendo conforme fue conociéndolo a él y a otras personas que le causaban lo mismo en menor medida. Es lo que se siente cuando se está frente a una persona especial, alguien singularmente fino y noble, un ser humano de gran calidad. Finalmente, supo asimilar esa sensación como parte de lo que llamó “intuición”.
La segunda vez le sucedió en la calle. Había salido del cine sin acompañante y deambulaba por las veredas tratando de lidiar con una reciente depresión. Miraba a todos lados, tratando de encontrar una cara conocida en una ciudad de diez millones de habitantes, sin mayor éxito, como sería de esperarse. Caminó en dirección a una librería y, entrando, vio a un hombre de espalda ancha que hizo que esa misma sensación embistiera como un huracán.
Normalmente se hubiera descrito como una persona tímida, pero había algo en ese hombre que hizo que quisiera—no, que tuviera que seguirlo. No podía verle el rostro, sólo la espalda. Entró a la librería detrás de él, disimulando leer libros cerca de donde él revisaba otros. “¿Quién es? Mírale la cara… míralo…” pensaba. Pero… ¿qué si lo veía? ¿Le iba a hablar? ¿Qué le iba a decir? Para su sorpresa, decidió abordarlo, sin importarle los riesgos del ridículo o el rechazo. Su cerebro empezaba recién a maquinar posibles inicios de conversaciones cuando él volteó y pudo ver su cara. Imaginen su sorpresa.
Lo vio y era nada menos que Daniel.
You can rest on my shoulders.
With me, a warm bed awaits you
and the joy of each passing day is behind a wooden door.
I want you to rest on my lap,
I want you to sleep on my chest.
I want you to feel save and calm, I want you to feel home.
And I want to be your home.
You’re with me now.
Sleep, my sweet love.
You’re safe. You’re home.